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Salud y Género

Menores y mujeres en situación de especial vulnerabilidad

Menores
La violencia condiciona el bienestar y desarrollo personal y les produce problemas de salud física y psicológica.

Embarazo
En el contexto de una relación de Violencia de Género, el embarazo es una etapa de especial vulnerabilidad y de especial riesgo. A veces, es en esta etapa cuando la violencia empieza a ser franca y evidente. Asimismo, un porcentaje importante de malos tratos por parte de la pareja se inician en este periodo, incluyendo la violencia física y sexual. A su vez, el embarazo añade dificultad a las posibilidades de separarse de la pareja. El maltrato constituye además un factor de riesgo gestacional, por lo que todo embarazo en una mujer que sufre malos tratos se considera de alto riesgo, lo que significa un aumento de la morbimortalidad materna y perinatal: cuadros de estrés, infecciones, anemias, abortos espontáneos, amenaza de parto pretérmino, parto pretérmino, recién nacidos de bajo peso, distrés fetal y muerte fetal y neonatal.

Discapacidad
Las mujeres con alguna discapacidad física, sensorial o psicológica se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad a la violencia física, sexual y psicológica, para tener, con mayor probabilidad:

  • Menor capacidad para defenderse
  • Mayor dificultad para expresarse.
  • Menor credibilidad en su relato, especialmente en mujeres con trastorno mental grave.
  • Menor acceso a la información, asesoramiento y los recursos de forma autónoma.
  • Mayor dependencia de terceras personas.
  • Más dificultades de acceso al trabajo remunerado y la educación.
  • Menor autoestima y desprecio de su propia imagen.
  • Miedo a perder los vínculos que le proporcionan cuidados.
  • Menor independencia y mayor control económicos.

Violencia de género hacia las mujeres con discapacidad (Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad)

Inmigración
En las mujeres inmigrantes, además pueden influir condiciones que determinan una especial vulnerabilidad:

  • La precariedad económica y laboral.
  • Situaciones administrativas irregulares y el miedo a ser expulsadas del país.
  • Mayores dificultades de comunicación y expresión a causa de las barreras idiomáticas.
  • Mayor dificultad de acceso a los recursos sociosanitarios.
  • Ausencia o escasa red de apoyo familiar y social, especialmente en mujeres recién llegadas al país.
  • Desconocimiento de sus derechos y de los recursos.
  • Prejuicios, actitudes discriminatorias y desconfianza de profesionales de diversos ámbitos.
  • En las situaciones de solicitud de reagrupación de menores, miedo a la paralización del expediente si se produce la separación de la pareja.
  • El estigma y la vergüenza por haber sufrido, otra de las formas de violencia de género, como es la mutilación genital femenina, son factores poderosos que muchas veces frenan a estas mujeres a la hora de buscar ayuda.

    Trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual
    Entre los riesgos y dificultades que conlleva salir de esta situación se encuentran: el control de sus traficantes a través de supuestas deudas que fueron forzadas a contraer, las amenazas de daño a la familia o a sí misma, ser deportada, quitándole los sus documentos de identidad, o privándola de tener contacto con el mundo exterior, familia y amistades. A veces, también son forzadas a casarse contra su voluntad.
    Aunque los datos disponibles son escasos, y la mayor parte de las estimaciones se hacen basándose en el número de mujeres prostituidas, el daño a la salud de las mujeres y niñas objeto de trata es contundente, por lo que en salud pública s 'incorpora la trata de personas como un problema de salud.
    La prostitución no es una expresión de libertad sexual de la mujer, sino que tiene que ver con la violencia, la marginación, la dificultad económica y la cultura sexista y patriarcal. Los derechos de ciudadanía universal que nuestra sociedad promueve están vedados para las mujeres prostituidas. El acceso a recursos económicos, culturales y sociales se ve mermado por este sector de la población, al formar parte de los circuitos informales de la economía.

    Mujeres mayores
    La brecha de género se perpetúa hasta el final de la vida: las situaciones de discriminación vividas por estas mujeres durante su juventud se multiplican cuando llegan a la vejez. Las mujeres mayores viven solas con más frecuencia que los hombres, tienen ingresos más bajos, sufren, en mayor medida, enfermedades y trastornos crónicos y tienen peor percepción subjetiva de su salud y calidad de vida.
    En las mujeres mayores pueden influir factores que aumentan la vulnerabilidad a la violencia de género, conllevan una mayor dependencia y dificultan las posibilidades de poner fin a una relación de maltrato:

    • Hay Pueden haber estado sufriendo maltrato durante muchos años, a pesar de no ser conscientes, desarrollando sentimientos de indefensión, incapacidad e impotencia que les impiden plantear alternativas a su situación.
    • En la etapa de la jubilación, el número de horas de convivencia con la pareja aumenta, y algunos hombres intentan tener un mayor control sobre el tiempo, las actividades y relaciones de las mujeres, exigiendo, con violencia, su disponibilidad y presencia para acompañarlos y atenderles.
    • Es frecuente la dependencia económica de la pareja e ingresos escasos procedentes de pensiones, que impiden que las mujeres se planteen como posibilidad la separación de la pareja y el inicio de una vida autónoma e independiente.
    • En esta etapa de la vida, hay mujeres que pierden el apoyo cotidiano de sus hijos o hijas cuando éstos / as se independizan, e incluso cambian de ciudad, lo que las enfrenta a vivir una violencia sin testigos ni mediación.
    • En otras ocasiones, las mujeres mayores que se plantean la separación de su pareja, no reciben apoyo por parte de hijos e hijas, o son incluso culpabilizadas.
    • Algunas mujeres se ven en la circunstancia de tener que cuidar a su pareja, de la que han recibido y siguen recibiendo malos tratos, por encontrarse ésta en situación de dependencia y / o enfermedad crónica.
    • Las mujeres que llegan a la vejez con un importante deterioro en la salud o alguna discapacidad que disminuye su autonomía personal, tienen mayor riesgo de sufrir maltrato por parte de sus parejas al tener que cuidar de ellas, o que aumente la intensidad y gravedad del que ya iban sufriendo.

      Medio rural
      Además de las barreras comunes a todas las mujeres en la revelación y denuncia de la situación de maltrato, vivir en el medio rural añade otras dificultades tanto para la detección como para la intervención:

      • Dificultades de acceso a los recursos para su dispersión y lejanía.
      • Mayor control social, es más difícil el anonimato. El hecho de denunciar puede tener repercusiones en las relaciones con la comunidad.
      • Mayores dificultades para la protección. En pequeños municipios, las órdenes de alejamiento son difíciles de cumplir.
      • Menor posibilidad de independencia económica

        Mujeres en situación de exclusión social
        La feminización de la pobreza conduce a las mujeres a experimentar situaciones de exclusión social. Una parte significativa de mujeres solas con cargas familiares, mujeres que están en prisión o han salido de ella, mujeres que ejercen la prostitución, mujeres con drogodependencias graves, pueden encontrarse experimentando este tipo de situaciones. Habitualmente acumulan varios factores de desventaja social, que contribuyen no sólo a una mayor vulnerabilidad a sufrir violencia de género, sino a aumentar las dificultades para salir de ella:

        • Analfabetismo o niveles muy bajos de instrucción social, escasa o nula • la calificación laboral, precariedad en la vivienda, problemas graves en la esfera de las relaciones personales y / o familiares, no tener o tener muy limitada la autonomía económica.
        • Tener Asociadas otras circunstancias adversas: problemas importantes de salud o discapacidades, baja autoestima, sentimientos de rechazo social, vergüenza, impotencia, desesperanza, falta de habilidades sociales, que disminuyen la capacidad de autodeterminación necesaria para afrontar una separación.
        • Tener en la práctica, menor acceso a los servicios de ayuda.
        • Ausencia de redes sociales de apoyo o vínculos demasiado precarios.
          Mujeres con VIH
          Tener infección por el VIH puede ser un factor de riesgo ante la violencia de género. Se ha mostrado que las mujeres con infección por VIH pueden estar en riesgo de sufrir episodios de violencia, desde insultos hasta agresiones físicas y sexuales después de comunicar su estado serológico a sus parejas. Aunque diferentes estudios indican que los índices de violencia de género que sufren las mujeres con el VIH son similares a los que sufren las mujeres que no están infectadas, su intensidad y gravedad parece ser más severa para las primeras. Por otra parte, en las mujeres que se encuentran en una relación abusiva aumenta considerablemente el riesgo de infección por VIH, debido al miedo de las consecuencias de oponerse a una relación sexual no deseada, del temor al rechazo si intenta negociar relaciones sexuales más seguras, ya la misma coerción y manipulación emocional a la que se ven sometidas.
          Guía práctica para la integración de la perspectiva de género en los programas de prevención del VIH.
            
          Mujeres con trastornos adictivos

          En estos casos, hay que hacer frente a la doble necesidad de atender, tanto a su situación de dependencia, como la violencia que están sufriendo.