Responsabilidad Social Corporativa


LA INNOVACIÓN RESPONSABLE

Según la Wikipedia en francés, la palabra innovateur surgió en el Siglo XVII. Hasta entonces, se empleaba sobretodo el término novateur para designar  a quien desde la antigüedad en adelante, impulsaba y reflexionaba particularmente sobre los cambios en regímenes políticos, cuestión que, en la edad media, equivalía a desafiar o poner en duda el orden establecido por la Iglesia.


Cuando, en francés, los modernistas introdujeron el término innovateur, lo hicieron desde una perspectiva militante y positiva. El innovador pasó a ser entonces el individuo que, fuera cual fuera su dominio de actividad (artes y ciencias, por ejemplo), conseguía introducir convenientemente algún sesgo de novedad, es decir, una ruptura de rutinas, un prometedor cambio de enfoque y de estilo.


A partir del siglo XIX, se convirtió en habitual designar como innovadores tanto a grandes artistas como descubridores, inventores, y políticos reformadores. Y es en este sentido que el término se utiliza hoy en día en los medios científicos, artísticos y culturales.


Después de que la teoría económica reconoció la aportación esencial de las ciencias al progreso y al crecimiento económico, y que la innovación se impuso  en las reflexiones corrientes de los economistas, las referencias al rol del innovador se multiplicaron y se hicieron habituales.


En efecto, al tiempo que el sentido del término innovación se restringía y se reducía casi  exclusivamente al acto de valorización económica de descubrimientos e invenciones, el innovador poco a poco se impuso como alguien que llevaba adelante este proceso de valorización económica.


Mientras que con frecuencia se identifica al emprendedor como alguien que tiene capacidad de sacar partido de los últimos avances científicos, el innovador hace referencia en sus discursos a  la organización que conlleva  la innovación.


Hay que asegurar un entorno en la Administración pública, las empresas, las organizaciones y las entidades sin finalidad de lucro que combine tres factores de manera óptima:


1. Que permita extender la innovación.
2. Que permita mejorar los niveles de competitividad.
3. Que permita aprovechar las oportunidades que brinda la globalización.

La innovación es algo más que infraestructura y nuevas tecnologías. La innovación del futuro inmediato se centra en la gestión y la organización de las empresas, las administraciones, las organizaciones y las entidades sin ánimo de lucro. En este sentido, son clave dos elementos de la innovación: el conocimiento y la creatividad.


En la ecuación «conocimiento + creatividad = innovación» es donde los valores interactúan de manera tangencial.


La creatividad se convierte en una valor más en la cultura de toda organización y se debe conseguir que sea transversal dentro de toda la secuencia de valor.


La creatividad desde el impulso de la dirección hasta cada una de las personas que forman parte de la organización debe garantizar y retroalimentar el proceso continuado de innovación, de generación de ideas y de diferenciación de la competencia y el fomento de la colaboración y consenso integrador de las diferencias.
Tan importante y fundamental es el soporte, la preparación y la formación continua de la dirección en el cambio de modelo de gestión como el hecho de que todo el capital humano de empresas, organizaciones y entidades pueda desarrollar su creatividad.