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Es Refugi acoge personas sin techo afectadas por la crisis económica de la COVID mientras que hasta ahora eran sobre todo perfiles en situación de vulnerabilidad crónica

\ La inclusión social, que cuenta con el apoyo de la Conselleria de Asuntos Sociales y Deportes, se retomará después de que se haya parado para priorizar la salud de los veinte usuarios actuales

El refugio Pare Gaspar Aguiló de la Asociación altruista Es Refugi acoge y cubre las necesidades básicas de hombres sin hogar en situación o riesgo social por carencia de techo, además de ofrecer el servicio de comedor social a personas con escasos recursos económicos y/o sociales. Cuenta con el apoyo de la Conselleria de Asuntos Sociales y Deportes de Govern de les Illes Balears a través del IRPF Social.

«Si antes sobre todo era una persona en situación de vulnerabilidad y cronicidad, ahora hay gente que la Covid ha expulsado de la economía y no ha podido hacer frente al pago de alquileres, obligaciones familiares, etc. y han tenido que llegar aquí», explica Toni Cañellas, el gerente de Es Refugi. «La inserción sociolaboral durante la pandemia ha sido nula porque se ha priorizado preservar su estado de salud, sin embargo ahora empezamos a tener esperanza con los planes de inclusión social», añade.

«Queremos dar una salida habitacional, parecido a un hogar, a aquellas personas que por las circunstancias de la vida se han encontrado sin techo y están en situación de exclusión social casi plena, ya que tenemos a gente que trabaja pero con un trabajo tan precario teniendo en cuenta el precio de los alquileres de hoy en día que si ganas 800 euros y resulta que te cobran 600 en cualquier lugar, aquí tienen cabida», dice Fernando Villalobos, el presidente de la asociación desde hace 4 años. «Los usuarios de perfil más mayor lo tienen más difícil para trabajar pero miramos que tengan una salida, ya sea una plaza en una residencia o en pisos tutelados. Todo el mundo tiene salida en Es Refugi», como es el caso de Ángel Masegosa.

«Tenía una habitación alquilada, pagaba 300 euros cada mes pero la encargada con veinte días de antelación me dijo que tenía que irme porque venía una sobrina suya. Según la ley tiene que avisar con dos meses de antelación. Alquilé un trastero para poner mis cosas, fui al Ayuntamiento de Palma a hablar con la asistenta social y me envió a Ca l'Ardiaca pero me equivoqué de timbre y me admitieron aquí», dice el usuario de 73 años.

«Se quedó de un día para otro en la calle y a pesar de que tiene posibilidades económicas no tenía donde alquilar. Vino a pedir ayuda y ahora cuando hace dos meses que está habremos conseguido con otra entidad que esté en un piso tutelado y habremos conseguido nuestra misión», explica sobre él el gerente de la entidad.

La capacidad de Es Refugi, que nace entre el 1990 y 1992 aunque su funadción ofical no es hasta febrero de 1993, es de 40 plazas aunque, debido a problemas estructurales en algunas habitaciones y que actualmente están en proceso de rehabilitación, la casa de acogida acoge hoy en día a unos veinte usuarios, y de media, cada año, a unos 60 usuarios.

«Son hombres entre 18 y 75 años, normalmente vienen por puerta, llaman por teléfono o nos contactan por internet, con una relativa baja formación y rotura de lazos familiares, con necesidad de tener un techo porque ni las pensiones ni lo que cobran les llega para poder pagar un alquiler», explica el gerente.

«Muchas de las personas que acogemos provienen de la crisis del 2008 y francamente es imposible que puedan volver al mercado laboral», afirma Villalobos.

«La intención es limitar las estancias a una temporalidad ajustada a la características de las personas, pero en principio y así como está la pandemia tenemos que ser prudentes», afirma Villalobos, mientras que Cañellas dice que a pesar de que la estancia es entre seis meses y un año si la persona tiene que estar más tiempo «se respeta su ritmo y se le acompaña hasta que pueda estar bien afuera».