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Finalizan las tareas de exhumación en el cementerio de Bunyola y se inicia el protocolo de recogida de ADN para tratar de identificar los restos encontrados

El mal estado y el escaso tamaño de los fragmentos localizados reducen las probabilidades de conseguir identificaciones positivas // El equipo de ATICS prepara una propuesta de intervención en el osario de la zona este, que debido a su estado precario tendría que formar parte de una actuación futura

Las tareas de exhumación iniciadas en el cementerio de Bunyola el pasado 31 de agosto por la Conselleria de Administraciones Públicas y Modernización, a través de la Secretaría Autonómica de Memoria Democrática y Buen Gobierno, han finalizado hoy, después de que se hayan encontrado restos óseos que podrían corresponderse con algunas de las 15 víctimas que se buscaban en base a los estudios históricos.

En concreto, se han localizado fragmentos de restos craneales correspondientes a individuos adultos que presentan varias marcas, fruto de autopsias y de heridas previas a la muerte, que hacen recomendable continuar investigando. Hay que destacar, sin embargo, que los fragmentos son de tamaño muy limitado y han sido removidos, por lo que su identificación a simple vista no resulta posible y se hace imprescindible continuar la investigación con pruebas genéticas.

Se activa por lo tanto la segunda fase de estudio que incluye la recogida de todos los datos genéticos de los familiares de las víctimas que se buscan en el cementerio de Bunyola para cruzarlas con estos restos óseos localizados. Una vez recogido, este material genético será analizado en los laboratorios de la Universitat Autònoma de Barcelona y la Universitat Pompeu Fabra con la esperanza de obtener algún resultado positivo.

La intervención efectuada detectó ya en los primeros días que las víctimas no se podrían encontrar en posición primaria y que se tenían que buscar en posición secundaria, es decir, que los restos óseos fueron movidos del lugar de entierro original y trasladados a alguno de los osarios que se fueron usando en el cementerio.

Los restos se han encontrado fragmentados, húmedos y sucios en el osario de la zona ajardinada ante la antigua sala de autopsias, una estructura del tipo vaso funerario, construido con piedra de marés con unas dimensiones aproximadas de 2,20m de largo por 2m de profundidad, y 70 cm de anchura. Se sabe que la estructura se usó, a partir de la década de 1960, como osario para contener todos los restos óseos que se iban limpiando del entorno.

Futura intervención

Por otro lado, los trabajos de campo han servido para localizar otro osario que, debido a las circunstancias tanto de seguridad como de dimensiones, y también del volumen de restos a estudiar, requiere de un estudio e investigación en profundidad en el cual ATICS ya está trabajando como posible futura intervención en el cementerio de Bunyola.

Este osario se hizo en un momento posterior a 1932 según consta en documentación del Archivo Municipal de Bunyola. Situada detrás la capilla, en la zona este del cementerio, es un gran recorte en la roca calcárea geológica en forma de pequeña cueva o balma y cerrada por delante por una potente pared. La parte superior está sellada por una capa de hormigón, con dos aperturas por las cuales se abocaban los restos óseos.

A pesar de que su estado de conservación es bastante precario, se han podido realizar trabajos de documentación arqueológica, topográfica y antropológica, que hacen recomendable un estudio de detalle que contemple todas las problemáticas que se puedan derivar.

Las víctimas de Bunyola

Entre el 6 de agosto y el 28 de diciembre de 1936, llegaron al cementerio de Bunyola una quincena de cadáveres. Eran hombres que habían sido asesinados por arma de fuego y abandonados en arcenes de caminos o carreteras, víctimas de la represión franquista. Antes de ser enterrados fueron objeto de autopsias que determinaron que la mayoría de ellos murieron por hemorragia cerebral, pleural, múltiple, etc. (Xavier Margais, 2016).

De estas quince víctimas, nueve están identificadas gracias a diferentes causas judiciales facilitadas por la Asociación Memoria de Mallorca. Se trata de Joan Busquets Cañellas, Josep Cañellas Roser, Antoni Juan Massanet, Rafael Ferriol Grimalt, Pere Suave Riera, Onofre Arbona Jordà, Gabriel Servera Cardell, Guillem Pocoví Samsó y Joan Fiol Martí.

Faltan por identificar seis víctimas, entre las cuales se podrían encontrar tres menorquines: los hermanos Bartomeu y Sebastià Carretero Gornés, y José Filomeno Pons Sintes. Los tres, naturales de Ciutadella, viajaron juntos a Mallorca para hacer de testigos en un juicio. Se cree que fueron asesinados el 12 de noviembre de 1936 y enterrados en Bunyola. Por aquellas fechas aparecieron tres cadáveres en la confluencia de la carretera de Esporles en Santa Maria del Camí con el torrente de ca na Sili. Tres cadáveres que pertenecían a tres personas desconocidas en Bunyola. El historiador y director del Archivo Diocesano de Menorca y del Archivo Municipal de Ciutadella, Marc Pallicer Benejam relaciona este episodio con el descubrimiento de los tres ciutadellencs en la fosa común de Bunyola.

La intervención en el cementerio de Bunyola forma parte del segundo Plan de Fosas de Govern de les Illes Balears, aprobado por la Comisión Técnica de desaparecidos y fosas, y que impulsa la Conselleria de Administraciones Públicas y Modernización a través de la Secretaría Autonómica de Memoria Democrática y Buen Gobierno. Esta es la tercera actuación incluida dentro del Plan, después de las excavaciones llevadas a cabo en los cementerios de Sencelles y de Son Coletes, en Manacor. Y le siguen actuaciones en un horno de cal del coll d'Artà-Salma y en los cementerios de ses Figueretes (Eivissa), Valldemossa, Santa Maria del Camí y Porreres.